lunes, 26 de mayo de 2008

Verona, algo más que una ciudad




Todavía recuerdo aquel día de invierno, ansiosa por aterrizar en una de las ciudades más atractivas de Italia, Verona. Eran unas vistas maravillosas, toda Verona rodeada por sus nevadas colinas, se podía ver desde lo alto, en el avión que me llevaría a disfrutar de uno de los mejores viajes de mi vida. Paseando por la Plaza delle Erbe, tan solo impedía apreciar el encanto de sus palacios y casas antiguas que la abrazan, aquellas neblinas matinales que jugueteaban entre ellas. Todavía me recuerdo sentada en la Arena de Verona o el Teatro Romano, contemplando desde ahí la encantadoras vistas al Ponte Di Pietra, mientras disfrutábamos todos como niños del bocadillo que nuestras madres habían preparado para el día, en mi casa boquerones en vinagre
Nos encantaba pasear, una y otra vez, por las sinuosas calles de Verona, mientras comíamos aquellos típicos y deliciosas helados de chocolate, aunque el mercurio de los termómetros no alcanzara a penas los cinco grados.
Y sí, es Verona, la ciudad que creyó vivir el apasionado amor de Romeo y Julieta, y talvez sea también la ciudad que vea nacer la aventura de estos locos empedernidos por la música.
Ojala, miles y miles de aventuras como estas arrancarán al unísono de todas y cada una de las ciudades europeas. ¡Que grandiosa sinfonía sonaría!

Elena Cano

lunes, 5 de mayo de 2008

Chamartín, punto de partida a Cieza.

¿Hacía dónde partirá el chaval que conocí en el metro?

Casi desespero en la cola para retirar mi billete. Murcia de por sí es una tierra mágica, no es por hacer vitola de la tierra,dónde algún día,aprendiste a mamar, más bien por el cocktel exhuberante que toca por estas fechas: colegueo, terracita y mucho rock ´n roll. Pero solo por unos días porque no hay que olvidar que los exámes comienzan el lunes, cuando este puente de Mayo se nos desvanezca. Hoy, vuelvo a la Perla del Segura,Cieza, una ciudad maldita, y desdichada ( como reza una pared de una carcel de la Alhambra). Ella misma es un disparate en sí, bohemia y soñadora por esta arista, y torca, falaz y casi decadente por el ángulo más cerrado. Una riqueza impropia de un pueblo de este calibre, con una agenda cultural desprovista de ligereza, y con bastiones dignos de cualquier poema, o novela alada como lo es, lo fue y lo será el Club Atalaya-Ateneo de la Villa. Nuestro río, testigo de tantos besos y jodido por la insensatez de quienes nos desgobiernan. El Cañón de Almadenes, esquina recóndrita que despierta cualquier alma inquienta, y que te acerca la belleza de la aquella Cieza, sostenible, y eterna. Con sus pozas veraniegas, sus nutrias dicharacheras o los baños en el Gorgotón.

Y todo esto, desde la estación madrileña de Chamartín. Me encanta coger aquí el tren, lo prefiero antes que Atocha. Acá las pinturas de Pepe Lucas se funden con el trasiego voluptuoso de cualquier viajero. Yo cada vez que subo, o me cuelgo de las escalera, sobre todo si voy acompañado, me digo en voz alta, este loco es de Cieza. Como yo, y quizá como tu.